Documento del Movimiento Humanista
1. Introducción
2. El Capital Mundial
3. La Democracia Formal Y La Democracia Real
4. La Posición Humanista
5. Del Humanismo Ingenuo Al Humanismo Consciente
6. El Campo Antihumanista
7. Los Frentes De Acción Humanista
1. Introducción
Los humanistas son mujeres y hombres de este siglo, de ésta época(*).
Reconocen los antecedentes del humanismo histórico y se inspiran en los
aportes de las distintas culturas, no solamente de aquellas que en este
momento ocupan un lugar central. Son, además, hombres y mujeres que
dejan atrás este siglo y este milenio, y se proyectan a un nuevo mundo.
Los humanistas sienten que su historia es muy larga y que su futuro es
aún más extendido. Piensan en el porvenir, luchando por superar la
crisis general del presente. Son optimistas, creen en la libertad y en
el progreso social.
Los humanistas son internacionalistas, aspiran a una nación humana
universal. Comprenden globalmente al mundo en que viven y actúan en su
medio inmediato. No desean un mundo uniforme sino múltiple: múltiple en
las etnias, lenguas y costumbres; múltiple en las localidades, las
regiones y las autonomías; múltiple en las ideas y las aspiraciones;
múltiple en las creencias, el ateísmo y la religiosidad; múltiple en el
trabajo; múltiple en la creatividad.
Los humanistas no quieren amos; no quieren dirigentes ni jefes, ni se
sienten representantes ni jefes de nadie. Los humanistas no quieren un
Estado centralizado, ni un Paraestado que lo reemplace. Los humanistas
no quieren ejércitos policíacos, ni bandas armadas que los sustituyan.
Pero entre las aspiraciones humanistas y las realidades del mundo de
hoy, se ha levantado un muro. Ha llegado pues, el momento de
derribarlo. Para ello es necesaria la unión de todos los humanistas del
mundo.
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2. El Capital Mundial
He aquí la gran verdad universal: el dinero es todo. El dinero es
gobierno, es ley, es poder. Es, básicamente, subsistencia. Pero además
es el Arte, es la Filosofía y es la Religión. Nada se hace sin dinero;
nada se puede sin dinero. No hay relaciones personales sin dinero. No
hay intimidad sin dinero y aún la soledad reposada depende del dinero.
Pero la relación con esa "verdad universal" es contradictoria. Las
mayorías no quieren este estado de cosas. Estamos pues, ante la tiranía
del dinero. Una tiranía que no es abstracta porque tiene nombre,
representantes, ejecutores y procedimientos indudables.
Hoy no se trata de economías feudales, ni de industrias nacionales, ni
siquiera de intereses de grupos regionales. Hoy se trata de que
aquellos supervivientes históricos acomodan su parcela a los dictados
del capital financiero internacional. Un capital especulador que se va
concentrando mundialmente. De esta suerte, hasta el Estado nacional
requiere para sobrevivir del crédito y el préstamo. Todos mendigan la
inversión y dan garantías para que la banca se haga cargo de las
decisiones finales. Está llegando el tiempo en que las mismas
compañías, así como los campos y las ciudades, serán propiedad
indiscutible de la banca. Está llegando el tiempo del Paraestado, un
tiempo en el que el antiguo orden debe ser aniquilado.
Parejamente, la vieja solidaridad se evapora. En definitiva, se trata
de la desintegración del tejido social y del advenimiento de millones
de seres humanos desconectados e indiferentes entre sí a pesar de las
penurias generales. El gran capital domina no solo la objetividad
gracias al control de los medios de producción, sino la subjetividad
gracias al control de los medios de comunicación e información. En
estas condiciones, puede disponer a gusto de los recursos materiales y
sociales convirtiendo en irrecuperable a la naturaleza y descartando
progresivamente al ser humano. Para ello cuenta con la tecnología
suficiente. Y, así como ha vaciado a las empresas y a los estados, ha
vaciado a la Ciencia de sentido convirtiéndola en tecnología para la
miseria, la destrucción y la desocupación.
Los humanistas no necesitan abundar en argumentación cuando enfatizan
que hoy el mundo está en condiciones tecnológicas suficientes para
solucionar en corto tiempo los problemas de vastas regiones en lo que
hace a pleno empleo, alimentación, salubridad, vivienda e instrucción.
Si esta posibilidad no se realiza es, sencillamente, porque la
especulación monstruosa del gran capital lo está impidiendo.
El gran capital ya ha agotado la etapa de economía de mercado y
comienza a disciplinar a la sociedad para afrontar el caos que él mismo
ha producido. Frente a esta irracionalidad, no se levantan
dialécticamente las voces de la razón sino los más oscuros racismos,
fundamentalismos y fanatismos. Y si es que este neo-irracionalismo va a
liderar regiones y colectividades, el margen de acción para las fuerzas
progresistas queda día a día reducido. Por otra parte, millones de
trabajadores ya han cobrado conciencia tanto de las irrealidades del
centralismo estatista, cuanto de la falsedades de la democracia
capitalista. Y así ocurre que los obreros se alzan contra sus cúpulas
gremiales corruptas, del mismo modo que los pueblos cuestionan a los
partidos y los gobiernos. Pero es necesario dar una orientación a éstos
fenómenos que de otro modo se estancarán en un espontaneísmo sin
progreso. Es necesario discutir en el seno del pueblo los temas
fundamentales de los factores de la producción.
Para los humanistas existen como factores de la producción, el trabajo
y el capital, y están demás la especulación y la usura. En la actual
situación los humanistas luchan porque la absurda relación que ha
existido entre esos dos factores sea totalmente transformada. Hasta
ahora se ha impuesto que la ganancia sea para el capital y el salario
para el trabajador, justificando tal desequilibrio con el "riesgo" que
asume la inversión.... como si todo trabajador no arriesgara su
presente y su futuro en los vaivenes de la desocupación y la crisis.
Pero, además, está en juego la gestión y la decisión en el manejo de la
empresa. La ganancia no destinada a la reinversión en la empresa, no
dirigida a su expansión o diversificación, deriva hacia la especulación
financiera. La ganancia que no crea nuevas fuentes de trabajo, deriva
hacia la especulación financiera. Por consiguiente, la lucha de los
trabajadores ha de dirigirse a obligar al capital a su máximo
rendimiento productivo. Pero esto no podrá implementarse a menos que la
gestión y dirección sean compartidas. De otro modo, ¿cómo se podría
evitar el despido masivo, el cierre y el vaciamiento empresarial?
Porque el gran daño está en la subinversión, la quiebra fraudulenta, el
endeudamiento forzado y la fuga del capital, no en las ganancias que se
puedan obtener como consecuencia del aumento en la productividad. Y si
se insistiera en la confiscación de los medios de producción por parte
de los trabajadores, siguiendo las enseñanzas del siglo XlX, se debería
tener en cuenta también el reciente fracaso del socialismo real.
En cuanto a la objeción de que encuadrar al capital, así como está
encuadrado el trabajo, produce su fuga a puntos y áreas más provechosas
ha de aclararse que esto no ocurrirá por mucho tiempo más ya que la
irracionalidad del esquema actual lo lleva a su saturación y crisis
mundial. Esa objeción, aparte del reconocimiento de una inmoralidad
radical desconoce el proceso histórico de la transferencia del capital
hacia la banca resultando de ello que el mismo empresario se va
convirtiendo en empleado sin decisión dentro de una cadena en la que
aparenta autonomía. Por otra parte, a medida que se agudice el proceso
recesivo, el mismo empresariado comenzará a considerar éstos puntos.
Los humanistas sienten la necesidad de actuar no solamente en el campo
laboral sino también en el campo político para impedir que el Estado
sea un instrumento del capital financiero mundial, para lograr que la
relación entre los factores de la producción sea justa y para devolver
a la sociedad su autonomía arrebatada.
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3. La Democracia Formal y La Democracia Real
Gravemente se ha ido arruinando el edificio de la democracia al
resquebrajarse sus bases principales: la independencia entre poderes,
la representatividad y el respeto a las minorías.
La teórica independencia entre poderes es un contrasentido. Basta
pesquisar en la práctica el origen y composición de cada uno de ellos,
para comprobar las íntimas relaciones que los ligan. No podría ser de
otro modo. Todos forman parte de un mismo sistema. De manera que las
frecuentes crisis de avance de unos sobre otros, de superposición de
funciones, de corrupción e irregularidad, se corresponden con la
situación global, económica y política, de un país dado.
En cuanto a la representatividad. Desde la época de la extensión del
sufragio universal se pensó que existía un solo acto entre la elección
y la conclusión del mandato de los representantes del pueblo. Pero a
medida que ha transcurrido el tiempo se ha visto claramente que existe
un primer acto mediante el cual muchos eligen a pocos y un segundo acto
en el que estos pocos traicionan a los muchos, representando a
intereses ajenos al mandato recibido. Ya ese mal se incuba en los
partidos políticos reducidos a cúpulas separadas de las necesidades del
pueblo. Ya, en la máquina partidaria, los grandes intereses financian
candidatos y dictan las políticas que éstos deberán seguir. Todo esto
evidencia una profunda crisis en el concepto y la implementación de la
representatividad.
Los humanistas luchan para transformar la práctica de la
representatividad dando la mayor importancia a la consulta popular, el
plebiscito y la elección directa de los candidatos. Porque aún existen,
en numerosos países, leyes que subordinan candidatos independientes a
partidos políticos, o bien, subterfugios y limitaciones económicas para
presentarse ante la voluntad de la sociedad. Toda Constitución o ley
que se oponga a la capacidad plena del ciudadano de elegir y ser
elegido, burla de raíz a la democracia real que está por encima de toda
regulación jurídica. Y, si se trata de igualdad de oportunidades, los
medios de difusión deben ponerse al servicio de la población en el
período electoral en que los candidatos exponen sus propuestas,
otorgando a todos exactamente las mismas oportunidades. Por otra parte,
deben imponerse leyes de responsabilidad política mediante las cuales
todo aquel que no cumpla con lo prometido a sus electores arriesgue el
desafuero, la destitución o el juicio político. Porque el otro
expediente, el que actualmente se sostiene, mediante el cual los
individuos o los partidos que no cumplan sufrirán el castigo de las
urnas en elección futura, no interrumpe en absoluto el segundo acto de
traición a los representados. En cuanto a la consulta directa sobre los
temas de urgencia, cada día existen más posibilidades para su
implementación tecnológica. No es el caso de priorizar las encuestas y
los sondeos manipulados, sino que se trata de facilitar la
participación y el voto directo a través de medios electrónicos y
computacionales avanzados.
En una democracia real debe darse a las minorías las garantías que
merece su representatividad pero, además, debe extremarse toda medida
que favorezca en la práctica su inserción y desarrollo. Hoy, las
minorías acosadas por la xenofobia y la discriminación piden
angustiosamente su reconocimiento y, en ese sentido, es responsabilidad
de los humanistas elevar este tema al nivel de las discusiones más
importantes encabezando la lucha en cada lugar hasta vencer a los
neofascismos abiertos o encubiertos. En definitiva, luchar por los
derechos de las minorías es luchar por los derechos de todos los seres
humanos.
Pero también ocurre en el conglomerado de un país que provincias
enteras, regiones o autonomías , padecen la misma discriminación de las
minorías merced a la compulsión del Estado centralizado, hoy
instrumento insensible en manos del gran capital. Y esto deberá cesar
cuando se impulse una organización federativa en la que el poder
político real vuelva a manos de dichas entidades históricas y
culturales.
En definitiva, poner por delante los temas del capital y el trabajo,
los temas de la democracia real, y los objetivos de la
descentralización del aparato estatal, es encaminar la lucha política
hacia la creación de un nuevo tipo de sociedad. Una sociedad flexible y
en constante cambio, acorde con las necesidades dinámicas de los
pueblos hoy por hoy asfixiados por la dependencia.
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4. La Posición Humanista
La acción de los humanistas no se inspira en teorías fantasiosas acerca
de Dios, la Naturaleza, la Sociedad o la Historia. Parte de las
necesidades de la vida que consisten en alejar el dolor y aproximar el
placer. Pero la vida humana agrega a las necesidades su previsión a
futuro basándose en la experiencia pasada y en la intención de mejorar
la situación actual. Su experiencia no es simple producto de
selecciones o acumulaciones naturales y fisiológicas, como sucede en
todas las especies, sino que es experiencia social y experiencia
personal lanzadas a superar el dolor actual y a evitarlo a futuro. Su
trabajo, acumulado en producciones sociales, pasa y se transforma de
generación en generación en lucha continua por mejorar las condiciones
naturales, aún las del propio cuerpo. Por esto, al ser humano se lo
debe definir como histórico y con un modo de acción social capaz de
transformar al mundo y a su propia naturaleza. Y cada vez que un
individuo o un grupo humano se impone violentamente a otros, logra
detener la historia convirtiendo a sus víctimas en objetos "naturales".
La naturaleza no tiene intenciones, así es que al negar la libertad y
las intenciones de otros, se los convierte en objetos naturales, en
objetos de uso.
El progreso de la humanidad, en lento
ascenso, necesita transformar a la naturaleza y a la sociedad
eliminando la violenta apropiación animal de unos seres humanos por
otros. Cuando esto ocurra, se pasará de la prehistoria a una plena
historia humana. Entre tanto, no se puede partir de otro valor central
que el del ser humano pleno en sus realizaciones y en su libertad. Por
ello los humanistas proclaman: "Nada por encima del ser humano y ningún
ser humano por debajo de otro". Si se pone como valor central a Dios,
al Estado, al Dinero o a cualquier otra entidad, se subordina al ser
humano creando condiciones para su ulterior control o sacrificio. Los
humanistas tienen claro este punto. Los humanistas son ateos o
creyentes, pero no parten de su ateísmo o de su fe para fundamentar su
visión del mundo y su acción. Parten del ser humano y de sus
necesidades inmediatas. Y, si en su lucha por un mundo mejor creen
descubrir una intención que mueve la Historia en dirección progresiva,
ponen esa fe o ese descubrimiento al servicio del ser humano.
Los humanistas plantean el problema de fondo: saber si se quiere vivir y decidir en qué condiciones hacerlo.
Todas las formas de violencia física, económica, racial, religiosa,
sexual e ideológica, merced a las cuales se ha trabado el progreso
humano, repugnan a los humanistas. Toda forma de discriminación
manifiesta o larvada, es un motivo de denuncia para los humanistas.
Los humanistas no son violentos, pero por sobre todo no son cobardes ni
temen enfrentar a la violencia porque su acción tiene sentido. Los
humanistas conectan su vida personal, con la vida social. No plantean
falsas antinomias y en ello radica su coherencia.
Así está trazada la línea divisoria entre el Humanismo y el
Anti-humanismo. El Humanismo pone por delante la cuestión del trabajo
frente al gran capital; la cuestión de la democracia real frente a la
democracia formal; la cuestión de la descentralización, frente a la
centralización; la cuestión de la antidiscriminación, frente a la
discriminación; la cuestión de la libertad frente a la opresión; la
cuestión del sentido de la vida, frente a la resignación, la
complicidad y el absurdo.
Porque el Humanismo se basa en la libertad de elección, posee la única
ética valedera del momento actual. Así mismo, porque cree en la
intención y la libertad distingue entre el error y la mala fe, entre el
equivocado y el traidor.
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5. Del Humanismo Ingenuo Al Humanismo Consciente
Es en la base social, en los lugares de labor y habitación de los
trabajadores donde el Humanismo debe convertir la simple protesta en
fuerza consciente orientada a la transformación de las estructuras
económicas.
En cuanto a los miembros combativos de
las organizaciones gremiales y los miembros de partidos políticos
progresistas, su lucha se hará coherente en la medida en que tiendan a
transformar las cúpulas de las organizaciones en las que están
inscriptos dándole a sus colectividades una orientación que ponga en
primer lugar, y por encima de reivindicaciones inmediatistas, los
planteos de fondo que propicia el Humanismo.
Vastas capas de estudiantes y docentes, normalmente sensibles a la
injusticia, irán haciendo consciente su voluntad de cambio en la medida
en que la crisis general del sistema los afecte. Y, por cierto, la
gente de Prensa en contacto con la tragedia cotidiana está hoy en
condiciones de actuar en dirección humanista al igual que sectores de
la intelectualidad cuya producción está en contradicción con las pautas
que promueve este sistema inhumano.
Son numerosas las posturas que, teniendo por base el hecho del
sufrimiento humano, invitan a la acción desinteresada a favor de los
desposeídos o los discriminados. Asociaciones, grupos voluntarios y
sectores importantes de la población se movilizan, en ocasiones,
haciendo su aporte positivo. Sin duda que una de sus contribuciones
consiste en generar denuncias sobre esos problemas. Sin embargo, tales
grupos no plantean su acción en términos de transformación de las
estructuras que dan lugar a esos males. Estas posturas se inscriben en
el Humanitarismo más que en el Humanismo consciente. En ellas se
encuentran ya protestas y acciones puntuales susceptibles de ser
profundizadas y extendidas.
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6. El Campo Antihumanista
A medida que las fuerzas que moviliza el gran capital van asfixiando a
los pueblos, surgen posturas incoherentes que comienzan a fortalecerse
al explotar ese malestar canalizándolo hacia falsos culpables. En la
base de estos neofascismos está una profunda negación de los valores
humanos. También en ciertas corrientes ecologistas desviatorias se
apuesta en primer término a la naturaleza en lugar del hombre. Ya no
predican que el desastre ecológico es desastre, justamente, porque hace
peligrar a la humanidad sino porque el ser humano ha atentado contra la
naturaleza. Según algunas de estas corrientes, el ser humano está
contaminado y por ello contamina a la naturaleza. Mejor sería, para
ellos, que la medicina no hubiera tenido éxito en el combate con las
enfermedades y en el alargamiento de la vida. "La Tierra primero",
gritan histéricamente, recordando las proclamas del nazismo. Desde allí
a la discriminación de culturas que contaminan, de extranjeros que
ensucian y polucionan, hay un corto paso. Estas corrientes se inscriben
también en el anti-humanismo porque en el fondo desprecian al ser
humano. Sus mentores se desprecian a sí mismos, reflejando las
tendencias nihilistas y suicidas a la moda.
Una
franja importante de gente perceptiva también adhiere al ecologismo
porque entiende la gravedad del problema que este denuncia. Pero si ese
ecologismo toma el carácter humanista que corresponde, orientará la
lucha hacia los promotores de la catástrofe, a saber: el gran capital y
la cadena de industrias y empresas destructivas, parientes próximas del
complejo militar-industrial. Antes de preocuparse por las focas se
ocupará del hambre, el hacinamiento, la mortinatalidad, las
enfermedades y los déficits sanitarios y habitacionales en muchas
partes del mundo. Y destacará la desocupación, la explotación, el
racismo, la discriminación y la intolerancia, en el mundo
tecnológicamente avanzado. Mundo que, por otra parte, está creando los
desequilibrios ecológicos en aras de su crecimiento irracional.
No es necesario extenderse demasiado en la consideración de las
derechas como instrumentos políticos del Anti-humanismo. En ellas la
mala fe llega a niveles tan altos que, periódicamente, se publicitan
como representantes del "Humanismo". En esa dirección, no ha faltado
tampoco la astuta clerigalla que ha pretendido teorizar en base a un
ridículo "Humanismo Teocéntrico"(?) Esa gente, inventora de guerras
religiosas e inquisiciones; esa gente que fue verdugo de los padres
históricos del humanismo occidental, se ha arrogado las virtudes de sus
víctimas llegando inclusive a "perdonar los desvíos" de aquellos
humanistas históricos. Tan enorme es la mala fe y el bandolerismo en la
apropiación de las palabras que los representantes del Anti-humanismo
han intentado cubrirse con el nombre de "humanistas".
Sería imposible inventariar los recursos, instrumentos, formas y
expresiones de que dispone el Anti-humanismo. En todo caso esclarecer
sobre sus tendencias más solapadas contribuirá a que muchos humanistas
espontáneos o ingenuos revisen sus concepciones y el significado de su
práctica social.
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7. Los Frentes De Acción Humanista
El Humanismo organiza frentes de acción en el campo laboral,
habitacional, gremial, político y cultural con la intención de ir
asumiendo el carácter de movimiento social. Al proceder así, crea
condiciones de inserción para las diferentes fuerzas, grupos e
individuos progresistas sin que éstos pierdan su identidad ni sus
características particulares. El objetivo de tal movimiento consiste en
promover la unión de fuerzas capaces de influir crecientemente sobre
vastas capas de la población orientando con su acción la transformación
social.
Los humanistas no son ingenuos ni se
engolosinan con declaraciones propias de épocas románticas. En ese
sentido, no consideran sus propuestas como la expresión más avanzada de
la conciencia social, ni piensan a su organización en términos
indiscutibles. Los humanistas no fingen ser representantes de las
mayorías. En todo caso, actúan de acuerdo a su parecer más justo
apuntando a las transformaciones que creen más adecuadas y posibles en
este momento que les toca vivir.
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